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5 octubre, 2018
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Meghan y Wallis, dos divorciadas estadounidenses en la Casa Real inglesa

El príncipe Enrique y su novia Meghan Markle, cuya bodas está prevista el 19 de mayo de 2018. ©AFP

Londres (AFP) – Meghan Markle entra en la familia real británica en circunstancias radicalmente diferentes a la última estadounidense en hacerlo, Wallis Simpson, un nombre que aún provoca escalofríos en el palacio de Buckingham.

Aunque ambas son estadounidenses y divorciadas, los tiempos han cambiado tan drásticamente que mientras que la presencia de Simpson amenazó con hundir a la monarquía, la de Markle la revitalizará.

El rey Eduardo VIII se vio obligado a abdicar en 1936 a los pocos meses de acceder al trono para casarse con Simpson, un hecho que golpeó a la estabilidad nacional en los años anteriores a la Segunda Guerra Mundial.

La sombra de 1936 es difícil de ignorar ante la boda de Markle y Enrique el 19 de mayo en la iglesia de San Jorge, en el castillo de Windsor, la misma donde tuvieron lugar los funerales de Simpson en 1986.

La que fue duquesa de Windsor está enterrada junto a su marido en el cementerio real de Frogmore House, la mansión en la que Enrique y Meghan celebrarán una fiesta la noche de su boda.

Para el escritor especialista en la monarquía Andrew Morton, el breve rey Eduardo VIII debe estar “revolviéndose en su tumba” ante esta boda: en circunstancias similares, la suya le costó la corona.

Morton, que ha publicado biografías de Wallis y de Markle, comparó a la miembro de la alta sociedad de Baltimore con la actriz mulata de Los Ángeles.

“La familia de Wallis había tenido esclavos, en vez de ser esclavos”, dijo Morton a la AFP, refiriéndose a los antepasados maternos de Markle.

Eduardo y Wallis “se hubieran quedado atónitos ante la transformación de la monarquía británica en los últimos 80 años”.

– Una bienvenida glacial –

El poder de Wallis sobre Eduardo inquietó profundamente a la familia real.Se la consideraba inaceptable como reina desde todos los puntos de vista, desde el social y moral al religioso.

Si Eduardo se hubiera casado con ella desoyendo al primer ministro, el gobierno hubiera tenido que dimitir y se habrá abierto una crisis constitucional.

Finalmente, Eduardo abdicó y la pareja se casó en un castillo de Francia en 1937.

Su visita aquel año a la Alemania nazi y su encuentro con Adolf Hitler causó más inquietud todavía y alimentó la percepción de que simpatizaban con aquel régimen.

Su vida en las afueras de París, animada por las fiestas de sus amigos millonarios, fue un retiro dorado.

Las relaciones con la familia real nunca se recuperaron del todo, y las visitas al Reino Unido fueron escasas.

La respuesta de la monarquía a la abdicación de Eduardo ayudó a moldear esta institución.

Donde muchos veían una historia de amor, la familia real consideró su abdicación un gesto egoísta y una dejación de sus obligaciones.

Su sucesor, el rey Jorge VI, buscó que la monarquía fuera todo lo contrario, un trabajo duro y a tiempo completo, una filosofía heredada por su hija, la actual reina, Isabel II, de 92 años, para la que la palabra “abdicación” es un insulto.

A los 36 años, Markle ya sabe lo que es el servicio público, porque fue embajadora de la ONU para los derechos de las mujeres y también embajadora de la agencia de cooperación internacional canadiense, además de haber realizado una pasantía en la embajada estadounidense en Buenos Aires.

“Podía haber sido diplomática, política, abogada”, explicó Morton.

“Meghan está sin duda preparada para la familia real, lo ha demostrado”.

– Era de cambio –

La sociedad británica ha cambiado mucho desde los tiempos de Simpson, y ahora es multirracial y moralmente más relajada, como lo demuestra el hecho de que 4 de cada 10 matrimonios acaben en divorcio.

De hecho, tres de los cuatro hijos de la reina se divorciaron, incluyendo el padre de Enrique, el príncipe Carlos, de Diana de Gales.

La aristocracia es ahora menos petulante hacia los estadounidenses, y más proclive a casarse fuera de sus rangos.

“El cambio sísmico en las actitudes sociales que se ha producido en las últimas décadas se vio reflejado en el entusiasmo con el que fue recibida la noticia del compromiso de Enrique y Meghan”, constató el comentarista de temas de la monarquía Richard Fitzwilliams al diario Daily Express.

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