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19 junio, 2018
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El acuerdo sobre el nombre de Macedonia divide a los dos lados de la frontera

Pintada con un mapa antiguo de Macedonia y referencias a su disputa por el nombre con Grecia, en Skopie el 13 de junio de 2018, tras llegar a un acuerdo entre ambos países. ©AFP

Atenas (AFP) – El acuerdo entre Atenas y Skopie para rebautizar Macedonia del Norte a la exrepública yugoslava causaba este miércoles divisiones en ambos lados de la frontera, donde las pasiones sobre el tema siguen a flor de piel tras 27 años de diferendo.

Los primeros ministros de Grecia, Alexis Tsipras, y de Macedonia, Zoran Zaev, saludaron el martes como “un acuerdo histórico” el compromiso que permitirá desbloquear la adhesión macedonia a la UE y la OTAN.

Pero en las dos capitales, los ánimos estaban caldeados.

El presidente macedonio, Gjorge Ivanov, cercano a la derecha nacionalista, no pudo ocultar su rabia el miércoles.De acuerdo a un comunicado del gobierno de Macedonia, Ivanov dio un portazo a la reunión prevista con Zaev quien le iba a informar “los beneficios del acuerdo”.

Antes de eso, había reafirmado su rechazo a la revisión constitucional impuesta por Atenas a Skopie para que el cambio de nombre de la actual exrepública yugoslava de Macedonia (ARYM) se aplique también internamente.

Ambos países se disputan desde hace 27 años el nombre Macedonia: Los griegos consideran que su uso por parte de la nación vecina implica intenciones territoriales sobre su provincia homónima del norte, y una usurpación de su historia.Los macedonios sostienen que tienen su derecho para mantener un nombre que data de la formación en 1944 de su república dentro de Yugoslavia.

“Fuimos demasiado lejos” en las concesiones, consideró la macedonia Suzana Turundzieva, una vendedora de 46 años.”Es un truco para hacer de los Balcanes un protectorado de la OTAN”, renegó un mesero griego, Vassilis, de 20 años.

– “Capitulación” –

“En los dos países habrá fuertes tensiones”, predijo Ioannis Armakolas, profesor del departamento Balcanes de la universidad de Tesalónica. 

El académico ve estas divisiones como una consecuencia de la falta de pedagogía política para preparar sobre un acuerdo así a la opinión pública, impulsando, por el contrario y durante décadas, “posiciones unilaterales, patrióticas o incluso nacionalistas”.

El jefe de la oposición macedonia del partido VMRO-DPMNE de la derecha nacionalista, Hristijan Mickoski, criticó en conferencia el acuerdo como una “derrota absoluta”.

“Es una traición a las expectativas de los ciudadanos”, una “capitulación”, agregó.

Pero este acuerdo sobre la larga querella político-semántica no es aún definitivo: deberá ser sometido a referéndum antes de fin de año y el parlamento macedonio, por mayoría calificada, tendrá que ratificar la revisión constitucional.

El resultado está lejos de ser algo previsible, según Armakolas, que cree que “los griegos ganaron mucho” en la negociación, incluso si a cambio Skopie “registró una victoria muy importante al lograr un compromiso euro-atlántico”, dijo.

– Emboscada griega –

En el lado griego, el horizonte en lo inmediato luce más claro, el voto en el Parlamento, por mayoría simple, está previsto sólo cuando se cumplan las condiciones impuestas a los vecinos. 

El acuerdo también cuenta con el respaldo de parte de la oposición de centro izquierda, por su potencial de estabilización.”Grecia lo necesita contra Turquía”, dice el politólogo Vassiliki Georgiadou.

Pero en Grecia la derecha también se encontró en una emboscada: el jefe del partido conservador de la Nueva Democracia (ND), Kyriakos Mitsotakis, denunció el martes un “mal acuerdo”. 

El ND considera que el “retroceso nacional inaceptable” radica en “la aceptación de una lengua y nacionalidad macedonia”, forjada por los vecinos durante medio siglo.

“Es una derrota nacional”, dijo el prefecto conservador Apostolos Tzitzikostas, uno de los responsables de la provincia griega de Macedonia.

Desde la independencia de la exrepública yugoslava en 1991, la cuestión del nombre de Macedonia ha sido un tema de áspero debate de ambos lados de la frontera, atizado con regularidad según el mayor o menor nacionalismos de los respectivos gobiernos.

Grecia no toleraba que su vecino tomase el nombre de su provincia y se atribuyese el esplendor y las proezas de dos grandes reyes de la Macedonia antigua, Filipo II y su hijo Alejandro Magno.

Por consiguiente, Atenas solo reconocía oficialmente a la Antigua República Yugoslava de Macedonia por este acrónimo, ARYM, al igual que Berlín o París, mientras que más de 140 países, incluidos Rusia, Estados Unidos, China o Reino Unido, habían aceptado “Macedonia”.

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