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5 octubre, 2018
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Nadia Murad, la activista y la persona, en el filme “On Her Shoulders”

La directora estadounidense Alexandria Bombach, fotografiada el 24 de septiembre de 2018 en Beverly Hills, California. ©AFP

Los Angeles (AFP) – “Yo no quería ser conocida como víctima del terrorismo del Estado Islámico”, dice Nadia Murad, joven yazidi galardonada este viernes con el Nobel de la Paz, en “On Her Shoulders”, un documental que traza el camino de la activista contra la esclavitud sexual.

“Me gustaría no haber contado a la gente lo que me pasó (…) Me gustaría que me conocieran como una costurera de primer orden o una atleta excelente o una estudiante excelente, como una maquilladora, una agricultora”, explica la joven, evocando sus sueños truncados en el filme de la estadounidense Alexandria Bombach.

El documental, premiado este año en el Festival de Sundance, se verá en las salas estadounidenses a partir de l9 de octubre.

En el Parlamento canadiense, una conmemoración en Alemania, en los campos de refugiados en Grecia: la directora siguió a Murad durante tres meses en 2016 a través de su largo y difícil recorrido para llevar la palabra de las víctimas del Estado Islámico y de las mujeres yazidis sometidas, como ella, a trabajos forzados y la esclavitud sexual.

El periplo llevó a la joven, hoy de 25 años, a la tribuna de Naciones Unidas, donde actualmente es embajadora para la dignidad de las víctimas del tráfico de personas.

“On Her Shoulders” (literalmente “Sobre sus hombros”) se enfoca ciertamente en la lucha de la portavoz de los yazidis, una minoría que no es ni árabe ni musulmana, habla kurdo, y vive principalmente alrededor de las montañas Sinjar, entre la ciudad de Mosul, en el norte de Irak, y la frontera siria.

Pero el documental explora sobre todo la persona que es Nadia Murad, una mujer herida pero que es aún capaz de sonreír, de divertirse con un carrito de supermercado, preocuparse por su apariencia o por su peinado.

“Era importante para mí representarla como un ser humano, y creo que ella apreció verse en el filme como alguien que tiene un vida normal”, dijo recientemente Bombach a la AFP.

La directora se abstuvo de todo comentario en “off” para mejor dejar hablar a Nadia y su entorno cercano.Reconoció haberse sentido a veces “muy deprimida” frente a las dificultades encontradas por Nadia, expuesta a preguntas a veces muy íntimas o con detalles muy clínicos de algunos medios sobre los tratos sufridos en manos del EI.

“La película es para Nadia y para los yazidis.Pero es ante todo un filme sobre nosotros mismos, que nos hace reflexionar sobre nuestra propia apatía, nuestra empatía”, dice Alexandria Bombach.

“Yo no fui educada para hacer discursos o dirigirme a jefes de Estado”.Desde la invasión de yihadistas a su pueblo “el 3 de agosto de 2014, todo cambió”, recontaba Nadia Murad en el podio de la ONU en septiembre de 2016.

Luego, tras bastidores, se planta frente a la cámara: “Me dicen que soy una militante (…) Pero en el fondo yo me veo siempre como alguien que no vale nada, como aquella que fue sometida a la esclavitud sin razón”.

“Tendré valor el día en que los terroristas sean llevados ante la justicia”, afirmaba entonces la ganadora del Nobel de la Paz.

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