27 noviembre, 2018
Medio Ambiente

Polémica en Burkina Faso por mosquitos OGM contra la malaria

Un mosquito en un centro de investigación contra la malaria en el oeste de África en mayo de 2018
. ©AFP

Uagadugú (Burkina Faso) (AFP) – El lanzamiento experimental “en los próximos meses” de mosquitos genéticamente modificados para la lucha contra la malaria en Burkina Faso preocupa a decenas de organizaciones que temen “una catástrofe”.

El principio consiste en soltar mosquitos machos genéticamente modificados que al aparearse con hembras “normales” en estado salvaje producen “huevos que no llegan a la madurez y por lo tanto no son viables”, explica el doctor Abdoulaye Diabaté, investigador del Target Malaria (Objetivo malaria), una organización sin ánimo de lucro.

“Esto permitirá reducir considerablemente y en un tiempo rápido poblaciones enteras de estos mosquitos y contribuirá a eliminar la malaria”, asegura el doctor Diabaté, quien insiste en que los métodos actuales de lucha contra la enfermedad (insecticidas, mosquiteros, tratamientos farmacéuticos preventivos o curativos) “tienen sus límites”.

En septiembre el proyecto obtuvo la autorización de la Agencia nacional de bioseguridad para proceder a la suelta de mosquitos genéticamente modificados en dos lugares de estudio.

En Burkina Faso, la malaria o paludismo constituye un problema de salud pública con más de ocho millones de casos estimados en 2016 y 21.000 muertos.A nivel mundial, la Organización Mundial de la Salud, “estima que en 2016 se registraron 216 millones de casos de malaria en 91 países, o sea cinco millones más que en 2015.La malaria ocasionó 445.000 decesos en 2016.El 90% de los casos de malaria y el 91% de los fallecimientos por esta enfermedad se produjeron” en África.

Un total de “10.000 mosquitos autolimitantes serán lanzados durante los próximos meses para un experimento de observación en las localidades de Bana y Souroukoudingan”.

Estas “sueltas a pequeña escala” permitirán “recabar información sobre el índice de supervivencia diaria de los mosquitos machos estériles, sus movimientos en la aldea y su capacidad de participación en el enjambre”.

Una vez adaptada, esta tecnología permitiría erradicar la malaria eliminando el mosquito Anopheles gambiae y se pondría a disposición de las autoridades de los países que la aprobasen.

El doctor Diabaté asegura que el proyecto no supone riesgos para los seres humanos, los animales o el medio ambiente.

– “Cobayas” – 

El colectivo ciudadano por la agroecología, que reagrupa a unas 60 organizaciones, se opone radicalmente al proyecto por estimar que “el riesgo cero no existe, sobre todo con manipulaciones genéticas”.

“La suelta de los mosquitos genéticamente modificados conlleva un riesgo de catástrofe sanitaria espantosa.La modificación del genoma de una especie viva puede provocar un cambio de comportamiento de esta especie”.

“Esto es peligroso porque el organismo del mosquito podría albergar otras enfermedades, otros tipos de resistencias con relación a la malaria”, estima el coordinador del colectivo, Ali Tapsoba.”Esto puede generar una catástrofe”.

El colectivo también critica los métodos que pondrían en peligro a quienes trabajan en el proyecto.Denuncia sobre todo el uso de “captores, jóvenes que deben dejarse picar para poder capturar a los mosquitos mediante tubos.Son cobayas humanos”.

“La población ignora el fondo del proyecto y sus consecuencias, mientras que otros desconocen incluso la presencia de tal proyecto en sus localidades”, afirma, considerando “aberrante e impensable que la agencia nacional de bioseguridad dé una autorización para soltar mosquitos sin un debate público”.

La tensión va en aumento. 

Los habitantes y los captores (para quienes Target Malaria es una fuente de ingresos) están preocupados ante una posible supresión del proyecto.No quieren a periodistas en el lugar y el colectivo ha recibido varias amenazas.

Según Tapsoba en la aldea de Bana varias personas les impidieron interrogar a la gente, pero otras les expresaron su preocupación por el proyecto.

El colectivo presentará un recurso ante el tribunal administrativo.

Burkina Faso, país del oeste de África, ya experimentó con el algodón transgénico de Monsanto, introducido en 2008, antes de renunciar a él por no ser rentable.

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