17 febrero, 2019
Medio Ambiente

Padrinazgo de olivos inyecta vida a un pueblo en la España despoblada

El sol se esconde entre las ramas de un olivo en Oliete, un pueblo de Aragón, el 17 de diciembre de 2018. ©AFP

Oliete (España) (AFP) – “Éstos tienen más de 500 años”, dice con orgullo Sira Plana mientras contempla los olivos de Oliete, revividos gracias a un sistema de padrinazgo que salvó a este pueblo español del abandono.

A cambio de unos 50 euros al año, unos 2.500 padrinos reciben cada mes a través de una aplicación en su teléfono móvil fotos de “su” árbol, al que pueden bautizar, y, una vez al año, dos litros de aceite.

“Siempre lo hemos intentado de una forma en que se puedan involucrar emocionalmente con el proyecto”, explica Plana, confundadora de “Apadrina un olivo”, entre árboles salpicados de fruto maduro que dominan este pueblo de Aragón, en el noreste de España.

“Cada uno te cuenta su historia y el porqué llega a apadrinar ese olivo y en la mayoría de los casos es muy, muy emocional: vinculada a un familiar, vinculada a un niño, vinculada a un abuelo, vinculada al propio olivar”, dice Plana, quien dejó un trabajo en la industria cosmética para instalarse en Oliete.

Su abuelo fue el veterinario de este pueblo de 364 habitantes, cuya población hace un siglo era de 2.500.

De los 100.000 olivos centenarios abandonados alrededor del pueblo, más de 7.000 han logrado revivir gracias al sistema de patrocinio, fundado hace cuatro años.

– “Más que un árbol” –

Desde hace tres años, Esther López forma parte del grupo de padrinos.”Es mucho más que un árbol”, se entusiasma esta contable de 41 años que reside cerca de Madrid.”Con 50 euros míos y 50 euros de otra persona van sacando adelante un pueblo que sino estaría abandonado”, se congratula.

Y es que la provincia de Teruel, donde se encentra Oliete, muere lentamente: con 9,1 habitantes por kilómetro cuadrado, frente a los 92 para el conjunto del país, está tan despoblada que a veces se la compara con Laponia.

Este problema afecta a una buena parte de España: a principios de 2018, el Consejo Económico y Social español contó unos 3.900 municipios de menos de 500 habitantes con “riesgo elevado” de desaparecer.

En Oliete, un nuevo molino de aceite creó ocho empleos permanentes, permitiendo retener o atraer familias y especialmente a sus hijos, evitando el cierre de la escuela.

Instalado aquí con su familia desde hace unos meses, César Tarradas es uno de los nuevos habitantes.Sobre un terreno árido y pedregoso, sacude con la ayuda de una máquina las ramas de un árbol para hacer caer las aceitunas sobre redes tendidas al sol.

“Habiendo trabajo me puedo quedar aquí para siempre.Me gustaría comprarme una casa y hacer algo de vida”, dice este trabajador originario de la vecina Cataluña, junto a su padre y una de sus cuatro sobrinos, nuevos habitantes de Oliete que dejaron Barcelona por los elevados alquileres.

– Dibujos y dichos –

Con la llegada de niños de corta edad, la pequeña escuela de la localidad “se va a mantener viva de aquí a 10 años”, se congratula la maestra, Ana Lomba.

“El tener un colegio es lo que da fuerza, es lo que aviva la llama del pueblo, porque un pueblo sin colegio está destinado a desparecer”, afirma la joven educadora, a cargo este año de seis niños, dos por encima del mínimo autorizado en Aragón.

En sus pasillos, dibujos de los niños ilustran dichos populares españoles que evocan los árboles centenarios: “Ser más duro que un olivo”, “Aceite de oliva todo mal cura”, “El aceite de Oliete está de rechupete…”.

Pilar Carbonell, concejal municipal, asegura que los padrinazgos han devuelto a los habitantes “la ilusión de saber que se puede plantear un proyecto de futuro en el pueblo”.

“Estos olivos han dado muchísimo a otras generaciones pasadas, han permitido alimentarse, calentarse, cuidarse y conservar un montón de cosas, (dar) luz”, acota Sira Plana, feliz de que su pueblo vuelva a estar orgulloso de su patrimonio natural.

Oliete es la prueba, a juicio de la comisionada del gobierno español contra la despoblación rural, Isaura Leal, de que “generaciones de jóvenes comienzan a ver (…) una oportunidad de vida” en el campo.”Que no es el fracasado, el cateto (pueblerino), eso que antes nos decían nuestros padres”.

Otros lugares de España tienen proyectos similares: Sarrión, en la misma provincia que Oliete, construyó una economía alrededor de las trufas; en Soria, otra región despoblada, una oenegé lanzó un proyecto de bioagricultura que emplea a personas en dificultades; y en Extremadura unos agricultores ofrecen sus cerezos para apadrinar.

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