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Amaya Coppens, la estudiante belga que enfrenta al gobierno de Daniel Ortega

21 de noviembre de 2019


La líder estudiantil belga-nicaragüense Amaya Coppens posa en Esteli, Nicaragua, el 6 de junio de 2019. ©AFP

Managua (AFP) - Amaya Coppens, una estudiante de 25 años de origen belga que "detesta la injusticia", fue encarcelada por segunda vez por el gobierno de Daniel Ortega por sumarse a las protestas que exigen un cambio en Nicaragua.

Su segunda detención el pasado 14 de noviembre ocurrió cuando intentaba junto a otros opositores llevar agua a 11 mujeres que se encuentran en huelga de hambre en la iglesia San Miguel de Masaya (sur) para pedir la liberación de más de 130 "presos políticos".El templo se encuentra sitiado por policías.

Durante su primer encarcelamiento de nueve meses fue sometida por la policía a largos interrogatorios. Su madre, Tamara Zamora, denunció que Amaya fue intimidada sexualmente y asediada por los guardas, aunque no la violaron.

Zamora, de nacionalidad nicaragüense, también dijo a AFP que tras su segunda detención, Coppens fue maltratada por la policía y recluida en un pequeño, sofocante y oscuro calabozo sin beber agua durante dos días.

La policía la presentó con el traje azul de los presidiarios junto a otros 15 detenidos a los que acusó de portar armas ilegales.Amaya aparece sonriente en las fotos, una imagen que para su madre es señal de "resistencia y burla ante lo injusto".

Sus carceleros, asegura, dejaron una llave de agua exterior para "torturarla", lo que le provocó una crisis de asma e hipertensión por el estrés.

A pesar de tener problemas de salud, sigue "firme en su lucha", dijo Zamora el miércoles, antes de salir a llevarle comida a su hija a la cárcel El Chipote, un antiguo centro de tortura policial en Managua.

- "Agua solidaria" -

"Amaya, otra vez vestida de azul, Amaya otra vez llevada a prisión, Amaya otra vez golpeada por ser agua solidaria, luciérnaga luz", dice un poema que le dedicó la escritora nicaragüense Gioconda Belli y que fue musicalizado por el cantante Luis Enrique Mejía.

De padre belga, Amaya nació el 31 de octubre de 1994 en Bruselas y poco después se instaló con su padres y dos hermanos en Nicaragua.

De contextura delgada y mediana estatura, la joven habla fluidamente francés e inglés y sus amigos destacan su carácter alegre, amigable y solidario.

En 2013 entró a estudiar medicina en la estatal Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN) de la ciudad de León (oeste), donde en abril de 2018 estallaron fuertes protestas estudiantiles.

Coppens entró de lleno al movimiento que reclamaba la renuncia de Ortega y se convirtió en una de las figuras más visibles entre los estudiantes.

Su padre, que entonces estaba en Bélgica, contó a medios nicaragüenses que habló con ella por teléfono para convencerla de salir de Nicaragua por la creciente tensión.Ella le cortó la llamada.

"No me voy porque si me voy los demás chavalos se van a desmoralizar", se justificó ella misma posteriormente.

- Vanguardia estudiantil -

Las protestas contra Ortega estallaron en abril del año pasado por una reforma al seguro social que afectaba a los jubilados, pero la represión exacerbó los ánimos de los estudiantes, que se sumaron a las manifestaciones. 

Las marchas pasaron a demandar la salida del mandatario a causa de la represión, que dejó más de 300 muertos y cientos de encarcelados.

La persecución obligó a Amaya y muchos otros estudiantes a refugiarse en "casas de seguridad" en León.

Su madre contó que la ubicación de su escondite fue delatada y Amaya fue capturada el 10 de septiembre de 2018 por policías y paramilitares, quienes la trasladaron a la cárcel bajo cargos de terrorismo, secuestro y tenencia de armas ilegales.

Permaneció recluida con otras opositoras en la cárcel de mujeres La Esperanza, en las afueras de la capital, hasta que en junio pasado fue liberada bajo una polémica ley de amnistía que benefició a cerca de 500 opositores.

La misma amnistía anuló a la vez la posibilidad de castigar a los represores.

En los cuatro meses que estuvo en libertad sufrió asedios constantes de la policía en su casa, pero no dejó de apoyar la lucha opositora.

"La solidaridad no es delito", reclamaron estudiantes durante una protesta esta semana en la capital tras su nueva detención.

Pero Amaya y los otros detenidos deberán permanecer encarcelados hasta finales de este mes, cuando la justicia decidirá si existen suficientes pruebas para enjuiciarlos.

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