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Fútbol para evitar la calle

06 de agosto de 2020


Barcelona, 6 ago (EFE).- Zouhair El Arbaoui es un joven marroquí de 17 años con una tímida sonrisa y la esperanza de ganarse la vida en la sociedad española. En diciembre cumplirá la mayoría de edad, lo que supondrá que deje de estar bajo la tutela de un centro MENA (Menores Extranjeros No Acompañados), hecho que lo dejará ante el peligro de acabar en la calle.

"Poder estar ayudando a estos niños en el campus de verano es un sueño para mí. Estoy muy contento con mi vida actual", dice a EFE en un español más que aceptable mientras sus ojos transmiten alegría durante una mañana calurosa de verano en el campo del Club Atlètic Masnou, situado en la provincia de Barcelona.

Los dirigentes de este club modesto y con una arraigada función social están luchando con Zouhair para evitar un futuro que da miedo.

"Le hemos ofrecido un contrato laboral para ser el encargado del material después de que antes de la llegada del coronavirus hubiese estado haciendo prácticas con muy buenos resultados en este mismo puesto", explica Lourdes Sesma, la presidenta del club.

"El problema es que Zouhair necesita un contrato de 40 horas con una duración mínima de un año para que le den la residencia española. Se lo ponen muy difícil a estos chavales", se queja Sesma. "Nuestro contrato aproximadamente será de 25 horas, pero buscaremos que otra empresa lo contrate las horas restantes para que la consiga. Se lo merece", sentencia.

El descubridor de Zouhair fue un compatriota suyo, Moha El Gaadaqui, responsable del área deportiva de la Federación Catalana de Fútbol en El Maresme. En su momento, el fútbol también ayudó a Moha a integrarse en la sociedad española cuando llegó aquí con 10 años y se puso a hacer de recogepelotas en el Club Atlètic Masnou.

"La diferencia es que yo tuve la suerte de llegar en avión y con mis padres. Estos chavales, en cambio, llegan aquí solos después de jugarse la vida en el mar en una patera", dice Moha.

David Bigordà y él fueron los impulsores, con el apoyo del Ayuntamiento, el Club Atlètic Masnou y Eduvic, de un proyecto para que los chicos del centro MENA de El Masnou hicieran un entrenamiento semanal y un torneo triangular mensual en el campo del club.

Al principio el entrenamiento tenía lugar por las mañanas, pero después pasó a ser los miércoles a las nueve de la noche, a la misma hora y en el mismo campo que el Juvenil A. A las sesiones acudían entre 10 y 15 jóvenes del centro.

"El objetivo era que se relacionaran con los chavales del pueblo y fueran unos más. De hecho, en el triangular se juntaban chavales del centro MENA con jóvenes del pueblo y después de los partidos tenía lugar un tercer tiempo en el que se creaban vínculos", explica Moha.

"El comportamiento de todos ellos fue ejemplar. La sociedad acaba estigmatizando un colectivo por cuatro individuos que se comportan mal", añade.

En marzo apareció el coronavirus y el proyecto tuvo que pararse, pero ya hacía meses que Moha y David habían puesto su lupa en Zouhair, quien nunca había aparecido en los entrenamientos y sí lo hizo en un triangular invernal.

"Rápidamente me di cuenta de la calidad que tenía y después de hablar con la entidad le propusimos que formara parte del Juvenil B", dice Moha. Desde la posición de extremo izquierdo se destapó como un excelente goleador.

Pero ahora la historia se ha complicado. El centro MENA de El Masnou cerrará pronto y sus residentes serán repartidos por otros centros de la geografía catalana (aunque el Ayuntamiento está intentando encontrar piso para los que están más integrados en la población). Esto supone la finalización obligada del proyecto integrador de Moha y David y complica la vida a Zouhair.

Esta semana a él lo mandarán al centro MENA de Palafolls, población situada a unos 50 kilómetros de El Masnou. Así que para ir a trabajar y a entrenar (tiene un puesto asegurado como jugador en el Juvenil A del próximo curso) tendrá que ir de Palafolls a Blanes, municipios vecinos, donde cogerá el tren hasta El Masnou.

Entre la presidenta del club, el coordinador y su entrenador en el Juvenil B, Sergi González, y el secretario, Albert Gallés, se han propuesto comprarle una bicicleta para facilitarle el trayecto entre Palafolls y Blanes.

"Tiene iniciativa, llega 15 minutos antes al trabajo y siempre está dispuesto a todo. Es lo mínimo que podemos hacer", considera Sesma.

Cuando Zouhair llegó en patera con 15 años a España recaló en Andalucía, donde explica que lo tuvieron 15 días "encerrado como si estuviese en una cárcel". Ahora la vida le aprieta menos.

Sergi Escudero

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