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"Los gritos bajo los escombros" del puente Morandi traumatizaron a Federico

14 de agosto de 2019


Federico Romeo, alcalde del distrito donde se encontraba el puente Morandi, la víspera del aniversario de la tragedia en Génova, el 13 de agosto de 2019. ©AFP

Génova (Italia) (AFP) - "Esos gritos bajo los escombros, los llevaré conmigo para siempre".Federico Romeo, alcalde de la zona norte de Génova, donde se derrumbó el puente Morandi hace un año, nunca olvidará aquel día, como el colombiano Emmanuel Díaz, cuyo hermano murió en la tragedia.

"Me acuerdo, llovía mucho hace un año, estaba en la sede del distrito y recibí una llamada urgente anunciándome el derrumbe del puente", cuenta Romeo, una de las primeras personas en llegar al lugar.

Conserva la "imagen de un gran dolor"."Las personas pedían ayuda y nosotros estábamos arriba impotentes", rememora el joven alcalde, que trabajó durante seis meses con un psiquiatra para sobreponerse del golpe.

"Ese día fue muy difícil, los siguientes todavía más.Nunca olvidaré a una niña que figuraba entre los desplazados", recuerda."Cuando llegué (...), estaba en los brazos de su madre y le pedía: '¿Mamá, mamá, nosotros también vamos a morir?' La mamá la mira, la acaricia, nos abrazamos todos y lloramos".

El puente Morandi, cuyo nombre proviene del arquitecto que lo creó en los años 1960, simbolizó para Génova el boom económico italiano, como eje esencial para el transporte de las mercancías."Este puente no era el puente de Génova, era un puente de Italia, de Europa, un vínculo entre el norte y el sur, el este y el oeste", prosigue Federico.

El desmantelamiento de lo que quedaba del viaducto empezó en febrero tras la retirada de miles de toneladas de hormigón, acero y asfalto, después del hundimiento de una parte del puente de unos 250 metros.

Los dos últimos pilares fueron demolidos con explosivos el 28 de junio.Unas 4.500 toneladas de hormigón y acero se convirtieron en una inmensa nube de polvo en tan sólo seis segundos.

- "La muerte se ensañó" -

"Ese día tenía que ser el aniversario de mi hermano", Henry Díaz, un colombiano fallecido en la tragedia, explica a la AFP Emmanuel, que voló a Colombia la víspera del drama.

"Todavía no había llegado a destino cuando vi que el puente se había desplomado, estaba en Bogotá, esperando una correspondencia", recuerda este hombre de 28 años, que tardó tres días en volver a Génova. 

Reconoció el pequeño auto amarillo de su hermano: "Vi las imágenes en directo, cuando sacaban su coche de los escombros y fui yo quien avisó a nuestra madre", dice Emmanuel.

Con su madre y Henry, dos años mayor que él, llegaron a Italia de pequeños, en busca de una vida mejor, dejando atrás su Colombia natal, un país "víctima de la guerra y de la violencia". 

"La muerte se ensañó con nosotros, nuestro padre murió asesinado, un tío también".Por eso, su madre "decidió venir a Italia, para darnos la posibilidad de vivir, otra suerte". 

Desde la pérdida de su hermano, Emmanuel libra una batalla judicial en memoria de quien fue para él "un padre, un maestro de la vida".

"Todo este año fue un combate.La herida nunca se cerró", señala Emmanuel, quien demandó a la empresa Autostrade per l'Italia (ASPI), propiedad de la familia Benetton, que administraba el puente.

"Esto no me ayuda a superar el dolor pero le da un sentido, me ayuda a actuar para que se haga justicia, para que la muerte de mi hermano no se inútil", asegura este joven colombiano.

Él y su familia también atacaron al Estado italiano."La posición del Estado hasta ahora no está clara, tienen sus responsabilidades.Se dieron la vuelta esperando que esta empresa hiciera lo que tenía que hacer (para el mantenimiento del puente), pero esto no fue así", afirma.

Imposible, para él, "ir hacia delante olvidando lo que pasó".Aclarar el caso es indispensable.Para Emmanuel, "la herida tiene que limpiarse, curarse, antes de ser cosida.No hacerlo permitiría que otra tragedia volviera a ocurrir".

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